Cayón Numismática > November 2022 AuctionAuction date: 30 November 2022
Lot number: 5516

Price realized: 30,000 EUR   (Approx. 30,896 USD)   Note: Prices do not include buyer's fees.
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FELIPE III. 8 reales. México. 1613 sobre 2 girado. F. Redondo (royal). Cy no cita. Laz38 (este mismo ejemplar, plate coin) indica como grado de rareza RU (único). 27´12 g. Agujero. Casi SC-. Encapsulada NGC AU DETAILS. Atractivo tono. Extraordinario ejemplar. Rarísimo. Único
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En caso de no exportarse fuera de la UE, el comprador abonará 3.000 euros extra (martillo, comisión más 3.000 euros) / In case of EU delivery, buyer will pay 3.000 euros extra (in adittion hammer, buyers fee and 3.000 extra)

La capital del Virreinato de Nueva España pronto recibió el encargo de fundar casa de moneda, 11 de mayo de 1535. Dos años más tarde, por real cédula de 18 de noviembre de 1537, se ordenaría la acuñación de 8 reales y medios duros, y lo hizo profusamente a martillo, también con la excepción de ejemplares poligonales a virola, y sobre todo introduciendo el tipo moderno y exitoso del llamado columnario, hasta que se incorporó de nuevo el retrato.

Las acuñaciones redondas o galanas, royal en inglés, son espectaculares ejecuciones de factura llamativa que dejarían perplejos a los que habitualmente usaban las recortadas y macuquinas. Pero desde luego Méjico, como ceca principal de América, es sin duda el mayor exponente de excelencia en este sentido, logrando acuñar perfectos ejemplares con todo su detalle, completamente redondos y perfectos en su resultado permitiendo leer completamente las leyendas, la fecha, el ensayador, y recogiendo minuciosamente los tipos, como bien muestra este ejemplar.

F podría ser Francisco de Morales, que se identifica para las acuñaciones a martillo en la casa de Méjico en lapsos alternos durante dos décadas, entre 1600 y 1620. Si bien la técnica está depurada, probablemente la idea inicial de cómo ejecutarlo pudiera venir de las pruebas que llevó a cabo en Madrid, en los talleres de Jacome Trezzo, Melchor Rodríguez del Castillo en 1591; una cuidada acuñación a martillo, pero utilizando el sistema de tijera para acuñar en redondo.

A su vez, sabemos que los creadores del proyecto de acuñar en redondo con un artilugio a modo de tijera son Juan de la Cerda y su sucesor y heredero, el misterioso clérigo Baltasar Vellorino de Villalobos, verdadero protagonista final de este tipo de acuñación. Juan se fijó no en la acuñación, sino en la preparación de los cospeles, para buscar el sinónimo de inquebrantabilidad, acuñar en redondo. Así llegó a la conclusión que lo mejor era un ingenio de tijera para obtener el resultado deseado y diferenciarse de las acuñaciones irregulares. Murió preparando el viaje a América (abril de 1598), donde iba a encargarse de imponer y expandir el uso de su ingenio. En el testamento dejó mención del clérigo Baltasar como colaborador de su invento. Éste defendió ante la casa de contratación de Sevilla que fue él quien desarrollo el ingenio para poder trabajar sobre las piezas más notables, los duros y medios duros. Convenció y firmó un contrato con Felipe III el 9 de agosto de 1589: “por quanto habiendo imbentado el dicho Miguel de la Cerda, cierto modo de rieleras donde se funden y hacen barras de plata redondas que corren en estos reynos y en las Indias, las quales e cortan con gran facilidad con una tixera y quedan del tamaño y pesso de las monedas que se quieren labrar sin que aya más necesidad que pesarlas y meterlas en el cuño para estamparles mis armas reales, con que sin yr contra las leyes de las casas de moneda, se ahorra muchas parte de las costas”.



La prueba del ingenio previa a la contratación se hizo en la casa de moneda de Sevilla, demostrando que era cierto lo que afirmaba, y así “plantó (la tijera) en la cassa de la moneda de aquella ciudad (Sevilla)… vaziando los reales sencillos y de a dos en los rieles redondos … los de a quatro y a ocho los llevó vaciados de su casa… cuyo secreto no quiso descubrir hasta haver hecho asiento con Su Magestad”. Y finalmente se indica que “habiéndose de llevar las dichas herramientas a las Indias … se obliga de poner del dicho ingenio de Miguel de la Cerda y el que dize ha imbentado para labrar … en las cinco casas de moneda delas Indias… México, Lima, Potossí, Santa Fe del Nuevo Reyno de Granada, Santo Domingo de Isla Spañola”. Así se exportó la idea para acuñar en redondo con el ingenio de tijera a los virreinatos.



El sistema debió instalarse inicialmente en Méjico. De allí son los primeros redondos de a ocho y a cuatro (los dos valores especialidad del clérigo), que no llevan fecha y entendemos que deben datarse entre 1602 y 1607.



Obtenemos noticias importantes al respecto en un memorial de la década de 1610, en relación con la aplicación este nuevo sistema del ingenio de tijera; “la plata de Nueva España, que es muy agria, es impusible labrarse assí, ni de mucha de la Perú, sino es la de Potosí”… Así que parece ser que el ingenio de la acuñación redonda no pudo llevarse a cabo adecuadamente (sí en Potosí) por las dificultados del metal de América. Suponemos que esa es la razón de que quedase como una suerte de encargo más o menos residual que las cecas atendían según demanda. El sistema de labra galana, se inició así en el Méjico de primeros del seiscientos, después en la Lima de 1659 (piénsese que no se acuñan duros en tiempos de Felipe III) y en el Potosí de 1630. El resultado, la moneda redonda, gustaba y era técnicamente magnífica, pero demasiado laboriosa y costosa por tanto. No parecía eficaz.



A veces vemos que a estas piezas galanas se les ha llamado simplemente espléndidos, y hoy denominados redondos. No hay nada localizado en las fuentes que fundamenten estas acuñaciones más allá de lo mencionado (en busca de la acuñación redonda); aunque sí hay teorías, con mayor o menor peso, sobre las mismas. Desde luego su factura presenta evidentes características diferenciadoras y exclusivas del resto de monedas: cospel ancho y redondo, a veces incluso convexo; peso correcto; acuñación cuidada en el grabado y en su ejecución, sobre todo, logrando una impresión completa (probablemente exigiendo para ello clavos y tejos específicos).

No creemos que pueda hablarse de encargos especiales de comerciantes o pagos de la deuda del tesoro, como también se ha apuntado en ocasiones. Lo importante, de todas maneras, es que son monedas de total y absoluto curso legal, que en casi todos los casos circuló como instrumento de cambio. Aquí, aunque se aplique al oro, también deberíamos hacer uso de la ley de Gresham: la moneda mala desplaza a la buena.



Por otra parte, todo indica a que el uso especial como adorno y/o exvoto (pues una cosa no quita la otra) es la única argumentación lógica que explica el agujero que aparece en un buen número de los redondos. Veamos unos datos tomando la guía soberbia que es el Lázaro: Lima, el 66 por ciento de los galanos está agujereado; Méjico, el 37 por ciento de los galanos está agujereado; Potosí, el 57 por ciento de los galanos está agujereado. Evidentemente el porcentaje de agujeros en los galanos es infinitamente superior al de las piezas normales. Esto es prueba concluyente de su particular uso.



También hemos apuntamos en otras ocasión que quizá esto tuviera que ver con la llegada a la Corona de la dinastía borbónica… pero los números que damos a continuación nos demuestran que esto no debe ser así, que la tradición del colgar o colgarse el galano comenzó en el momento de su creación: por ejemplo, en Potosí la media de galanos colgados de los Austrias es del 58%, mientras que de los borbones es del 54%, esto es, prácticamente el mismo (tenemos la interesantísima excepción del malogrado Luis I que presenta todos sus ejemplares agujereados; tampoco esto puede ser fruto del azar). El agujero aparece casi siempre guiado por la cruz del anverso con la clara intención de presentar ésta al veedor de forma adecuada, no importaba en el momento de hacer el taladro si éste se hacía en el inicio de la leyenda del anverso (para presentar bien la moneda), sino que lo principal era presentar la cruz con un eje (el que fuera) en clara disposición vertical; con ello vemos que la intención era mostrar la cruz, no la moneda, insistiendo de esta manera en el razonamiento de uso de los redondos como exvoto o elemento religioso (en muy pocas ocasiones son las columnas del reverso las que rigen el agujero, la intención sigue siendo estética aunque guiada por las de Hércules). Coincide este gusto por lo decorativo de estas piezas con el hecho de que también se encuentran duros dorados en su tiempo.



Siguiendo las notas al respecto de Arnaldo J. Cunnieti Ferrando y Fernando Chao, resumimos algunas otras posiciones defendidas sobre estas acuñaciones.

Una hipótesis interesante es la que hace referencia a ciertas menciones en documentaciones de época (para rendiciones fechadas entre 1646 y 1728) de una palabra que también podría encajar y que ya hemos introducido en este comentario previamente, galanos. Literalmente es una expresión que describe algo como bien adornado o dispuesto con buen gusto, lo que definiría claramente el espléndido aspecto de los redondos en contraposición a la macuquina. Podría ser la única referencia concreta al respecto, sin duda.

Otra especulación, entendemos que con poco peso, supone que estas acuñaciones esmeradas se ejecutaban con la idea de exportarse a la península donde al presentar peso correcto y con una presencia espléndida, se tomarían y correrían sin dificultad y por los 8 reales, no por menos.

Por otro lado, otra teoría argumenta que los redondos eran piezas de presentación u ostentación a modo de los cincuentines y centenes, labras por encargo de personajes ilustres o encargos para atenciones especiales del virrey y el pago de su cortejo. De hecho, se conoce un documento fechado el 16 de mayo de 1703 donde el tesorero de la casa de moneda de Méjico dio el virrey y a su hija mil pesos a cada uno de regalo, labrados a modo de los segovianos.

Dentro de esta teoría de presentación u ostentación, encajaría bien otra que es más detallada y concreta. Sostiene esta hipótesis la idea sobre la argumentación religiosa y los hábitos sociales y culturales de la época. Así se defiende que los corazones eran solicitados por devotos para colgar en imágenes, en alabanza y devoción al Sagrado Corazón de Jesús, e incluso para los acristianados o bautizados (los mayores podían colgárselo en el cuello y los recién nacidos en las cunas). Es decir, monedas representativas que exigían un sobre coste, sin duda. Al igual que los redondos, que bien pudieran utilizarse para conformar las dotes de las bodas y las dotes para la entrada en convento (por ejemplo, se tiene noticia que a mediados del siglo XVII, en Lima, las monjas de la Encarnación, uno de los conventos más distinguidos, lo habitaban más de cuatrocientas monjas, que podrían haber entregado como dote entre seis mil y doce mil pesos para acceder). Naturalmente, en ambos casos, nobles, ilustres y personajes de importancia y bolsillo amplio eran quienes asumían el sobre coste de llevar a cabo la producción específica y cuidada con tejos y clavos especiales de estas espléndidas monedas galanas, los redondos y los corazones. Podría ser una buena justificación para estas acuñaciones especiales.



Por último, terminamos este comentario dando razón de algún precio. En septiembre de 1635 se contrataron trabajos para el oratorio de la reina en el Alcázar de Madrid al aparejador Martín Ferrer por 30.000 reales, ejecutando las trazas realizadas por Juan Gómez de Mora. Angelo Nardi cobró 500 ducados por la pintura al temple de la bóveda del oratorio, más 1.500 reales por añadir cuatro muchachos en la bóveda y dos en los espacios donde se cerraban las ventanas.

Los 500 ducados pueden ser unos 538 escudos, más de 5.600 reales, es decir más de 700 monedas como este redondo. Mientras que la labor del aparejador Ferrer fueron 3.750 monedas de 8 reales.

Estimate: 30000 EUR